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El Mandato Perdido

El Evangelio transforma el corazón del ser humano. La Biblia dice que todos somos pecadores; todos hemos “fallado al blanco” apuntándole a ser justos, buenos y santos. Yo soy pecador; “mi santa madre”, mi padre y mis queridos abuelitos también lo fueron. El cura y el pastor de la vecindad y esos líderes a quien usted tanto admira también son pecadores. Hombres y mujeres, niños y ancianos, todos somos pecadores. Todos, absolutamente todos, tenemos necesidad del Evangelio: profesionales, empresarios, obreros, deportistas, artistas, científicos; tiene esa necesidad el privado de libertad como también la tiene el o la notable de la sociedad. ¿Y qué es ese Evangelio? Es la buena noticia de que Dios ofrece sin condiciones otorgarnos gratuitamente perdón y transformación.

Diré algo, de hecho, diré lo mismo acerca de alguien a quien parece hemos perdido, olvidado o desatendido en el mandato de comunicarles el Evangelio, el político. La mayor necesidad de un político, de un funcionario, de un servidor público es conocer a Jesús. Solo el Evangelio tiene la eficacia de transformar el corazón de un político. Retomemos el mandato perdido y compartamos el Evangelio a los políticos. Anunciarles el Evangelio fue mi motivación para presentar el siguiente estudio bíblico a un grupo grande de Diputados de casi todos los partidos políticos representados en el Congreso Nacional de la República y a Ministros del Gabinete de la República de Honduras.

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Recompensas 201

honra
Cuando Él nos honra, nosotros le damos gloria

Una recompensa para el verdadero discípulo:
El Padre le honrará.

“Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.”
Juan 12:26

¡Qué mejor satisfacción, qué mejor promesa, qué mejor recompensa, que saber que hemos sido aceptados en el servicio al Rey de Reyes y Señor de Señores! Si Él nos honra, ¿qué mayor gozo habrá sino reconocer que toda, absolutamente toda, la gloria es para Él?

Las recompensas para un discípulo de Jesús

He abarcado hasta ahora siete condiciones para el verdadero discipulado, las cuales según Guillermo MacDonald son “claras e inequívocas”, pues son una enseñanza directa a nuestra vida personal. Se trata de lo que la Biblia me dice a mí. Se trata de lo que Jesucristo me condiciona a mí. Soy responsable de atender ese llamado. Debo ser humilde en reconocer Su dirección hacia mí. Entonces, sometiéndome de esa manera al Señorío de Cristo sobre mi vida, es que entiendo que Dios me recompensará. ¡Son Sus promesas!

Si vamos en pos de Cristo:

  • Él nos hará pescadores de hombres. (Mateo. 4:19, Marcos 1:17)
  • Seremos dignos de Él. (Mateo 10:38)
  • Él mismo nos reconocerá como Sus discípulos. (Compare con Lucas 14:27)