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Ayuda en tiempo de necesidad

¿Quién no necesita un amigo leal? #BuscaAyuda

DIOS CONSUELA A UNA PERSONA DEPRIMIDA A TRAVÉS DE AMIGOS LEALES COMO TITO.

“Mucha es mi confianza en vosotros, tengo mucho orgullo de vosotros, lleno estoy de consuelo y sobreabundo de gozo en toda nuestra aflicción. Pues aun cuando llegamos a Macedonia, nuestro cuerpo no tuvo ningún reposo, sino que nos vimos atribulados por todos lados: por fuera, conflictos; por dentro, temores. PERO DIOS, QUE CONSUELA A LOS DEPRIMIDOS, nos consoló con la llegada de Tito; y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo con que él fue consolado en vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto y vuestro celo por mí; de manera que me regocijé aún más.” 2 Corintios 7:4-7 LBLA


De tu médico tú esperas un tratamiento;

de tu consejero, una orientación;

de tu pastor, compasión y ejemplo.

El psicólogo ofrece alternativas;

y, el psiquiatra, una terapia.

De tu confidente lo único que necesitas es:

¡QUE TE ESCUCHE!

Tu médico debe ser perspicaz,

tu consejero debe ser sabio,

tu pastor debe ser misericordioso,

El psicólogo debe ser sagaz en su análisis,

y el psiquiatra debe ser éticamente competente.

En cambio, la característica elemental y suficiente de un confidente es

¡LA LEALTAD!

Dios hablando consigo mismo sobre mí

La Biblia que leía en mi época de estudiante en la UNAH, a principios de los 80’s.

 

Acabo de “re-leer” Juan 17.

Este capítulo nos da la inspiradora oportunidad de escuchar a Dios hablando con Dios. No hay, en toda la Biblia, otro pasaje como ese que se le pueda comparar.

Dios – El Hijo está deseando que seamos tan felices como Él, felicidad que radica en que guardemos la unidad y mostremos amor. ¡Volvamos a leerlo!

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Discipulado 103

¡Hermandad!

3ª Condición: Amar fervientemente a la familia espiritual

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos,
si tuviereis amor los unos con los otros.”
Juan 13:35

Una condición de esta naturaleza pretende que constantemente nos interesamos en el bienestar de los demás, demostrándolo de manera práctica. Este es el amor que considera a los demás como mejores que uno mismo. Este es el amor que cubre multitud de fallas. Este es el amor que tiene paciencia y es amable; que no es envidioso, ni se cree más que nadie, no es orgulloso, no es grosero ni egoísta, no se enoja por cualquier cosa, no se pasa la vida recordando lo malo que otros le han hecho. No aplaude a los malvados, sino a los que hablan con la verdad. El que ama con este amor es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo. Sin esta condición, el discipulado sería una disciplina fría y legalista. Sería címbalo que retiñe.

Los creyentes somos el cuerpo de Cristo. Ninguno de nosotros, en perfecta salud mental y emocional, busca destruir su propio cuerpo, sino que busca más bien cuidarlo. Al tener conciencia que debemos cuidarnos los unos de los otros aprendemos a respetar, honrar, amar y servir a los demás. Al hacerlo realmente lo estamos haciendo a Cristo.

Cuando una persona se convierte, entendiendo de lo que Cristo lo ha librado, responde de manera natura con amor. Jesús mismo dijo “Al que más se le perdona, más ama” (Lc 7:41-43). La primera carta de Juan habla de al menos tres pruebas de la salvación de una persona. Una de estas es la que llamamos “la prueba del amor”…

  • 2:9,11 Si alguien odia a su hermano es porque sigue en la oscuridad.
  • 2:10 El que ama de verdad no anda malintencionado con el otro.
  • 3:10 El que no ama a su hermano no es hijo de Dios.
  • 3:14 El que no ama a su hermano no ha pasado de muerte a vida.
  • 4:7 Todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios.
  • 4:8 El que no ama, no conoce a Dios.
  • 4:11 Ya que Dios nos ha amado… así también nosotros debemos amarnos.
  • 4:12 Si nos amamos, el amor de Dios se perfecciona en nosotros.
  • 4:20 El que no ama a su hermano, no puede amar a Dios.
  • 4:21 Quien ama a Dios, ame también a su hermano.
  • 5:2 Nos amamos cuando amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.

Amar significa…

Muy a principios de los 70’s, “Love Story” (Ryan O’Neal, Ali McGraw) ganadora de un Oscar, con 13 nominaciones y 11 premios más, logró que se popularizara la expresión “Amar significa no tener que decir nunca ‘lo siento'”. El impacto de desatinadas declaraciones como esa ha sido tal que, aun hoy, una tercera generación continúa heredando una percepción distorsionada del amor, del arrepentimiento y del perdón. La verdad es que el único exento de no tener que pedir perdón es Dios. La Palabra nos enseña que todos nosotros, hombres y mujeres, somos pecadores y es imposible que dejemos de pecar. Somos una raza caída, pero por los méritos de Cristo, Dios mismo toma iniciativa para ofrecernos perdón y efectivamente perdonarnos cuando respondemos con fe aceptando que Jesucristo padeció la cruz, murió y resucitó para darnos salvación y vida eterna en el Cielo. Así, reconciliados con Dios, somos también llamados a restaurar nuestras relaciones interpersonales SIEMPRE (esto es, cada vez) que sea necesario. ¡Esto es amor! Amar significa procurar la paz cada vez que uno de mis hermanos o hermanas se sabe o se siente que nosotros hemos ofendido o perjudicado.

Con el tema “Unidad intencional”, el pastor Alfonso Faraj nos presentó una atinada base para que practiquemos firmemente el amor hacia la comunidad de la fe. La tesis partió de afirmar que el compromiso mutuo garantiza las buenas amistades (lo cual por supuesto también aplica en mi relación con Dios, en mi relación con mi cónyuge, en mi relación con mis líderes, etc.!!!). Este compromiso “de pacto” provoca que un amigo esté dispuesto a mostrarse como tal aún a costa de sacrificio, complementándose la tesis con una respuesta de parte del beneficiado a cuidar de la amistad precisamente para darle permanencia. Me pareció que la práctica del amor que se nos propuso tuvo su centro en que dichos compromiso, sacrificio y permanencia deben impulsarnos a no archivar rencores, sino a perdonar. El perdón es pilar para dar soporte a la unidad de quienes formamos una comunidad de fe. El antiguo refrán hebreo dice que “el sabio pasa por alto la ofensa”. Desde este punto de vista, entonces, los raspones ni siquiera necesitan vendas. Amar significa perdonar siempre.

En aprecio al énfasis que el mensaje tuvo con relación a la persona que debe perdonar, añado ahora unas líneas para referirme a la persona que debe pedir perdón. Ya se dijo mucho, debemos cuidarnos de no comportarnos como “archivadores” de ofensas, disgustos y resentimientos. Pero en el otro extremo debemos también cuidarnos de no poner una cara de “yo no fui”. Tan difícil nos puede resultar perdonar como pedir perdón. Dios nos ayude pues tenemos instrucción Suya para ambas cosas. “El humilde nunca pierde”, así que no debemos vacilar en tomar iniciativa de pedir perdón si nos enteramos que hemos ofendido a alguien. Y si no nos habíamos enterado antes, pero ahora nos vienen a decir que ofendimos… ¡cuidado! Detrás del “no lo quise hacer” puede haber una buena dosis de manipulación. Detrás del “no tengo conciencia de haberlo hecho” puede haber una señal de insensibilidad y falta de cortesía. Puede ser. Y aún si no lo es, el sabio sabe que un secreto para mantener la unidad en amor es escudriñarse a sí mismo. Sugiero, entonces, con la misma fuerza, que cuando alguien nos confiese una situación, nos cuidemos mucho de justificar nuestra actitud o comportamiento, y respondamos mejor con un “ayúdame a comprender mejor por qué te sientes así conmigo”. Estoy de acuerdo, mis raspones ni siquiera necesitan ser vendados por el ofensor… pero en cambio, las heridas que provoco en otros, yo mismo debo buscar suturarlas. Amar significa pedir perdón siempre.

No se ama a un desconocido

El pastor Gustavo Zepeda habló de una “revolución del alma para amar a Dios”, y la definió como un cambio intenso que conlleva transformación. Dijo que el grado de revolución está igualmente vinculado a una pasión por Dios. Fue entonces cuando presentó uno de sus primeros argumentos: que no podemos corresponder apasionadamente al amor que Dios nos tiene, a menos que de continuo estemos conociéndolo. De ahí que al final de su exposición caló su propuesta de que “rompamos con nuestros o nuestras amantes” (identificando como “amante” a cualquier cosa o persona que nos distrae de estar conociendo más y más a Dios).

No se ama a un desconocido… a quien estamos conociendo, estamos amando. En lo que a la persona de Dios se refiere, amarlo a Él está totalmente vinculado a adorarlo a Él. Cuando Jesús increpó a la samaritana acerca del verdadero culto a Dios le dijo: “Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos.” (Juan 4.22 LBLA). ¿Has reflexionado recientemente en las virtudes de la persona de Dios? ¿En cuál de ellas te concentraste esta semana? ¿Habrá sido en su gracia o en su misericordia? ¿En su santidad o en su justicia? ¿Acaso fue en su fidelidad o en su provisión?… Yo estuve pensando en su perdón. ¿Y sabes qué? Ahora yo SE que lo conozco un poquito más… lo suficiente como para SENTIRME “revolucionándome” en mi amor por Él… LO SE… LO SIENTO… Cuando conocemos a Dios, lo adoramos. Me emociona mucho saber que en la eternidad ya no creceremos ni en carácter, ni en habilidades, pero si creceremos en conocimiento!!! Por una eternidad amando más y más a aquel que es digno de ser conocido… al único que merece eterna adoración!