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La razón más importante para asociarse con Israel es la bíblica

Asociarse a Israel es crucial para que un país sea bendecido de manera particular por Dios. Mi corazón se conmueve -y mi mente vuela, a la luz de las implicaciones bíblicas acerca de la necesidad de apoyar apasionadamente a Israel.

La historia muestra, en un sentido de “siembra y cosecha”, que las naciones pueden prosperar maravillosamente si una base cultural proviene de todo lo que Israel ha proporcionado históricamente en relación con la verdad bíblica. Como nación podemos tomar prestado efectivamente del Israel histórico.  No hay duda de que las verdades bíblicas del Israel histórico proporcionan los amarres culturales para una nueva e histórica Honduras.  En resumen, podría llamarse a esto la unión filosófica con Israel.

En otro sentido, La Palabra de Dios contiene una promesa clara y absoluta en relación con el Pacto Abrahámico de Génesis 12:3a: “Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré a los que te maldigan…” La historia traza vívidamente esta verdad. Ya sea que haya sido bendecido por apoyar a Israel, o exponerse a maldición por intentar destruirlo.  Una cosa es segura: este pueblo y este país son muy especiales, separados por Dios de todos los demás. Ningún otro país se compara.

Dada la reciente apertura de la oficina diplomática de Honduras en Jerusalén, como extensión de su Embajada ubicada actualmente en las cercanías de Tel Aviv, pensé que este sería un buen momento para proporcionar una introducción bíblica de por qué usted y nuestra nación deberíamos asociarnos con el Estado de Israel, sus instituciones y con el pueblo judío en particular.

En 1948 Israel se convirtió en una nación al proclamar su independencia, luego de que en 1947 los países de la Organización de las Naciones Unidas aprobaron la partición de Palestina en dos estados, uno judío y uno árabe. Honduras, sin embargo, bajo el gobierno del Gral. Tiburcio Carías Andino y el Dr. Plutarco Muñoz (mi bisabuelo) como presidente del Congreso Nacional de la República, se abstuvo de votar a su favor en aquella Asamblea General de la ONU. Si bien Honduras se relacionó diplomáticamente con Israel a partir de 1950, fue con el reconocimiento público de Jerusalén como capital de Israel que hiciera el Presidente Juan Orlando Hernández y su posterior decisión diplomática de abrir una oficina de cooperación en Jerusalén, que se puede decir que de alguna manera Honduras busca “revertir” aquella abstención y convertirla en un “voto de respaldo” al Estado de Israel que retribuya beneficios a Honduras hoy. ¿Por qué es que este Gobierno lo habría hecho? Sin duda habrá tenido que considerar todo aspecto político, social y comercial, escuchando a diversos sectores, y adoptando convicciones y posiciones al respecto. En este contexto, la Confraternidad Evangélica de Honduras por muchos años y con varios gobiernos había venido planteando su posición bíblico-teológica sobre el reconocimiento de Jerusalén, apoyo al pueblo judío y lucha contra el antisemitismo. El Presidente Hernández y la Primera Dama han escuchado la petición de la gran mayoría de los cristianos evangélicos del país -quienes representan el 58% de la población- sobre el Estado de Israel y su pueblo.

¿Debe Honduras asociarse a Israel? La razón más importante por la cual un país o estado debería asociarse a Israel no es la económica, ni la social, ni la política –éstas sin duda son objeto de beneficio, pero no causa o razón. La razón más importante para asociarse con Israel es la bíblica. Lo que sigue es un estudio original de Capitol Ministries (Ministerio norteamericano del cuál fui su fundador y representante en Honduras) sobre tres capítulos bíblicos principales, que cuando se analizan juntos exclaman por qué cada gobernante, legislador, líder gubernamental, empresario, líder social, y ciudadano debería hacerse amigo de Israel. Esos tres capítulos son Génesis 12, Romanos 11 y Apocalipsis 7 y son los principales impulsores de convicción con respecto al apoyo inquebrantable a Israel. Tuve el privilegio de enseñar personalmente este estudio ante un grupo de Diputados del Congreso Nacional y otro grupo de Ministros miembros del Gabinete de Gobierno.

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Adoptando una estrategia apologética (Parte 2)

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En sus apuntes, el Dr. Neal Hegeman citó esta interrogante que han hechos algunos y que consideramos para continuar la segunda parte de este tema. “¿Es verdad que no todos los cristianos están dispuestos a defender La Verdad con todo su ser?” Pues creemos que hay algunas razones por las que un testimonio puede ser débil al momento de defender La Verdad:

  1. Por no ser cristiano, genuinamente convertido.
  2. Por no estar convencido de que la verdad es absolutamente cierta.
  3. Por no conocer la verdad y estar equivocados.
  4. Por no obedecer la gran comisión.

“No testifican porque no son cristianos” sólo puede ser resuelto cuando se nace de nuevo espiritualmente. Todos somos criaturas de Dios, pero un hijo de Dios según Juan 1.12 es solamente aquel que ha recibido a Jesús por la fe. Además, el que nace de nuevo es también sellado por El Espíritu Santo y bautizado como miembro del cuerpo de Cristo, teniendo al Espíritu de Dios morando en él y Quién a la vez viene para darnos la llenura o plenitud indispensable para un testimonio firme y verdadero.

¿Estamos convencidos de que la verdad es absoluta? Si no hay certeza en cuanto a las grandes doctrinas de la historia de la creación de Dios, la relevancia de la ley moral (Diez Mandamientos), la encarnación, enseñanzas, muerte, resurrección, y reino de Cristo, la inerrancia de la Biblia, la fundación apostólica y Cristo-céntrica de la iglesia, y la redención de los pecadores por gracia de Dios, ¿cómo vamos a ponernos de acuerdo con los detalles de la vida?

¿Qué certeza tenemos de lo que Francis Shaeffer (considerado por muchos como el más grande filósofo cristiano del Siglo XX) llama, la “verdadera verdad”? Hay que estar seguros y saber por qué lo estamos. Hay que estudiar la ciencia de la interpretación bíblica y mantenernos fieles a la interpretación verdadera. Somos el pueblo de la “sola Scritura” de que la Biblia es la verdad máxima para la fe y la vida. La verdad corresponde y es fiel a la realidad de Dios y Su Revelación.

Con todo, somos atrevidos en decir que las razones mencionadas arriba son razones secundarias para no defender la fe. El diagnóstico identifica que son síntomas de algo más profundo. Nuestra opinión es que la razón principal por la cual no testificamos como debemos hacerlo tiene que ver con nuestra participación en la gran comisión que nos dejó el Señor Jesús. La esperanza para el fiel testimonio de Cristo está en vivir en el poder del Espíritu Santo. “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre nosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos…” (Hechos 1.8).

La motivación apologética es teológica y espiritual, es de Dios y vivida por los creyentes al testificar de Jesús. Proponemos, entonces, una apologética basada en la absoluta verdad del único Dios, revelada tanto en una manera general y especial, expresada en todas las relaciones de la vida, manifestada en la historia y acciones de redención, presentadas racionalmente a todos los que nos escuchan, y sobre todo basada en el mandato ineludible de cumplir la gran comisión…

Adoptando una estrategia apologética (Parte 1)

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La apologética es la defensa de la fe bíblica y cristiana. La palabra “apologética”, según el diccionario, viene del griego ἀπολογητικός, la cual, nos dice el Dr. Neal Hegeman, analizamos así: apo (todo), logos (palabra), legein (contar, declarar), y de alli esencialmente proponemos que la apologética cristiana es hablar por Dios según lo que Dios ha revelado de sí mismo.

Bíblicamente hablando, la apologética es “estad siempre preparados para presentar defensa (apología) con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3.15). Uno debe estar seguro, absolutamente seguro, de que la fe cristiana es la fe verdadera, para vivir y morir diariamente por ella (Comparar 1 Corintios 15.31 con Romanos 12.1, 14.7-8, 2 Corintios 4.11, 7.3, Filipenses 1.21, 2 Timoteo 3.12). Eso es esencial en la apologética cristiana. Pero, ¿acaso eso no es fanatismo? No, porque el cristianismo nos habla de ser testigos (mártires) no fanáticos. La diferencia es que un testigo muere para proteger a todos, incluyendo a los que no están a su favor, mientras que un fanático, si acaso, muere para matar a los que se le oponen. De ahí que el más grande martirio ocurrido en la historia humana es el del Señor Jesucristo, Él, siendo Dios y un hombre perfecto, murió para perdonar a los culpables. El Cordero de Dios y su sacrificio es el centro de la apología cristiana. Sin el sacrificio de Jesús en la cruz no hay buena noticia para los pecadores que necesitan ser perdonados. Él tomó nuestro lugar en la cruz para que pudiéramos ser perdonados y para que pudiéramos contar a otros cómo se pueden ser salvos para servirle dando testimonio y apología ante otros, es decir, hablando por Dios según lo que Dios ha revelado de sí mismo…