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"Todo poder tengo tanto en el Cielo como en la Tierra para darles este propósito: Es el momento para que, incursionando, discipulen en todas las naciones; bautizando a los discípulos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles cómo guardar todo lo que Yo mismo les enseñé a ustedes! Y he aquí que Mi presencia ha de estar con ustedes todos los días, hasta el fin de los siglos." (Mateo 28:18-20, traducción libre de MM)
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Categorías: Teología Sistemática, Teología Bíblica

EL BAUTISMO Y LA CENA DEL SEÑOR:

Jesucristo ha instruido a quienes creen en Él, que sean bautizados en agua como un símbolo de su nuevo nacimiento. El bautismo debe hacerse por inmersión y sólo es para quienes personalmente han recibido a Jesucristo como su Salvador. Jesucristo también instituyó la “Cena del Señor” para memoria de Su sufrimiento, muerte y resurrección, hasta que Él regrese. Ni el bautismo ni la “Cena del Señor” tienen algún mérito en ayudar a alguien a obtener o preservar la salvación. Tampoco otorgan ninguna capacidad especial para el servicio cristiano.

Miguel Muñoz . Email . 01.11.06 . 106 Palabras . 1929 views (lecturas directas) . Enlace directo .  10 comentarios

Comentarios:

Comentario de: Pablo Roberto Fajardo [Visitante] · http://www.determinacionhoy.net
Que buen punto Mike, GRACIAS ya que me recordó el día en que mi hijo David (12) recientemente decidió obedecer y bautizarse lo que me motivó a publicar un par de fotos de ese evento en Tela, hasta alla viajaron con su grupo de jóvenes y tuvimos la oportunidad de acompañarles. Aquí se los comparto: Un hijo obediente
PermalinkEnlace directo 02.11.06 @ 22:56
Comentario de: Joel Silva [Visitante] Email
Como cristianos, es algo que debemos de tener bastante cloro lo que realmente significa el bautismos en agua, asi como la practica de la cena del senor; la cual es como un simbolo de nuestro nuevo nacimiento y recordar el sufrimiento, muerte y resurreccion, respectivamente; y no darle otros significados como algunos acostumbran hacerlo como en el caso del bautismo que creen que es para salvacion.
PermalinkEnlace directo 27.11.06 @ 12:09
Comentario de: orhac [Visitante] Email · http://www.palimpalem.com/2/orhac
Todo camino es de ida y vuelta, la Gracia de Dios es para que recibamos las bendiciones de Dios comenzando por la Salvacion y lo que esta conlleva.

Esta parte del camino Dios la recorre para con nosotros; esta no es la parte difícil porque viene de Dios. La parte de ida es la que se nos dificulta por causa que ya no depende totalmente de Dios, si no que en mayor parte depende de nosotros.

La Gracia nos ayuda mucho en esta segunda parte; el bautizmo y la santa cena es parte de este caminar con Dios y hacia Dios. El Hombre debe tener una respuesta para Dios, en fe, en esperanza, en amor, en obediencia, en caminar en justicia, andar en santidad, en creecer para él, en llegar a la semejanza de su Hijo Jesucristo.

Todo esto encaja en la segunda parte de Juan 1:17, LA VERDAD, porque no se nos ha dificultado recibir la gracia pero la verdad sí. "La Verdad" no solo es el conjunto de verdades de Dios, sino que nos involucra en caminar en esa Verdad.

Todo Creyente hemos escuchado solo la primera parte "Venid a mí todos los que estéis cargados y yo os haré descansar". Pero a alguien se le olvido la vinculación que significa la segunda parte "Llevad mí yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón; porque mí yugo es fácil y ligera mí carga"

El equilibrio no solo está en recibir la gracia de Dios, sino que como Creyentes respondamos en "Verdad".

El hermano Fernando
PermalinkEnlace directo 21.12.06 @ 11:59
Comentario de: heiker mendoza [Visitante] Email
estoy totalmeme de acuerdo con este articulo que es de gran bendicion para el desarrolo de la obra de señor
PermalinkEnlace directo 02.06.07 @ 11:32
Comentario de: Dr. Juan Elías Santiago [Visitante] Email
ristología

Introducción

La cristología, a la cual dedicamos este espacio, es la doctrina con respecto al Señor Jesucristo. Al intentar escribir sobre su adorable Persona y sus incomprensibles realizaciones; las cuales, cuando estén cabalmente cumplidas, habrán perfeccionado la Redención, habrán ejercido el atributo de la gracia con infinita satisfacción y manifestado al Dios invisible para todas las criaturas, y habrán sometido al universo rebelde en el cual se ha permitido el pecado para demostrar su extraordinaria pecaminosidad.

De este Ser incomparable se ha dicho que "En el principio era el verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios." (Jn. 1:1) Sin embargo, ese mismo Ser, que de esa manera ocupaba el más alto sitial de Deidad en compañía con el Padre y el Espíritu ". . . fue hecho carne, y habitó entre nosotros . . ." El, que ha existido desde la eternidad y que existirá por toda la eternidad, nació de una mujer y murió en una cruz. El, que según el mensajero profético es Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz (Is. 9:6b), fue escupido y rechazado por los hombres. El, que es Consejero, llega a ser el Hijo que aprende la obediencia por medio de los sufrimientos que experimentó. El, que es el Príncipe de Paz, ha de pisar el lagar de la ira del Dios Todopoderoso. "He pisado yo solo el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo; los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas. Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha llegado" (Is. 63:3-4) El, que dijo: "... estoy entre vosotros como el que sirve", dijo también: "No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada".(Mt. 10:34) El, que es el puro Amante del galanteo en el Cantar de los Cantares, es el mismo Rey de gloria, poderoso en batalla. El, que es el Hacedor de todas las cosas, ocupó la cuna de un niño. El, que es santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, fue hecho pecado a favor de otros. El, que es el Pan de vida, padeció hambre, El, que es el Dador del agua sobrenatural de la vida, estuvo sediento, El, que es el Don de vida que Dios le ofrece al mundo perdido, tuvo que morir. El, que estuvo muerto, vive para siempre jamás.

No se puede hallar mayor amplitud de realidades que las que encontramos cuando predicamos sobre la Persona que a la vez es el mismo Dios y el mismo hombre. Nos quedamos perplejos cuando pensamos, cómo pudo Dios nacer en forma humana, y morir; cómo pudo Dios crecer en sabiduría y en estatura; cómo pudo Dios ser tentado; cómo pudo Dios estar sujeto a la ley; cómo pudo Dios sentir la necesidad de la oración; cómo se le pudo dar a El algo que no fuere antes suyo; cómo pudo El ser exaltado más de lo que fue antes. Asimismo se pudiera averiguar cómo un hombre visible, plenamente identificado en la tierra, pudo sanar toda clase de enfermedades mediante su autoridad; cómo pudo El calmar las ondas con el mandato de su palabra; cómo pudo El tener completo dominio sobre las esferas angelicales; cómo pudo estar asociado con el Padre y con el Espíritu mediante majestuosos atributos de gloria celestial; cómo pudo mantener sus títulos, sus maravillosos atributos y la verdadera adoración que le corresponde a la Deidad. La respuesta se halla en la verdad revelada de que este Ser, como ningún otro ha podido ser jamás, es tanto Dios como hombre.

Nadie debe sorprenderse por el hecho de que este Ser es diferente y, por cuanto no tiene paralelo en la historia del universo, es incomprensible a las mentes finitas. Si El hubiera sido solamente hombre, aunque hubiera sido el más grande de todos, sus compañeros hubieran visto alguna falta en El. No obstante, cuando Pedro escribe de él dice: "el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca" (1 P. 2:22) El es, sobre todo, el Dios de la eternidad; y por causa de este aspecto de su incomparable Persona, la mente humana no puede sondear las inmensurables profundidades de su Ser, ni escalar sus alturas sin límite.

Un incontable número de hombres devotos, y aun aquellos que no reconocen verdaderamente la autoridad divina, han competido unos con otros en el esfuerzo de definir la Persona de Cristo. La cristología se propone explicar a esta Persona tan admirable.

La división más amplia y común de la cristología tiene dos partes: La Persona de Cristo y su obra. La parte que estudia la obra de Cristo se circunscribe generalmente a la Redención que El realizó, y no incluye otros aspectos notables, como su vida sobre la tierra, sus enseñanzas, la manifestación de sus atributos divinos, sus oficios de profeta, sacerdote y rey ni sus relaciones con los seres angelicales. Tomando en cuenta esta consideración más amplia de la cristología, el presente estudio tendrá esta división: (1) El Cristo pre_encarnado; (2) Su encarnación; (3) sufrimientos y muerte; (4) La resurreción; (5) La ascensión y ministerio actual; (6) La segunda venida y el reino milenial de Cristo; y (7) El reino eterno de Cristo.

EL CRISTO PRE-ENCARNADO

La cuestión sobre quién es Jesucristo llega a ser fundamental en la cristología. Si El es el mismo Dios, como realmente lo es, entonces su nacimiento, su vida terrenal, sus enseñanzas, su muerte, su resurrección, su oficio actual en el cielo y su regreso adquieren proporciones de inmensidad e infinidad. Por otra parte, si la cristología ha de ocuparse sencillamente de un hombre, aunque ese hombre hubiera sido verdaderamente exaltado y favorecido por Dios, todos los asuntos relacionados con él no serían sino detalles de la exaltación humana.

Es esencial, por tanto, antes de poder realizar cualquier empresa divina por medio de Jesucristo, que la mente y el corazón del estudiante estén convencidos de que Cristo es Dios.

Tal como sucede en gran número y una gran variedad de temas, la única fuente en la cual podemos obtener información con respecto a la Persona y a la obra de Cristo es el Texto Sagrado. En ese Texto, Dios nos ha hablado lo relativo a la Deidad y a la eterna existencia de su Hijo; y además, esto no ha sido, en modo limitado, sino en todo aspecto y detalle.

La revelación divina con respecto a la preexistencia de Cristo se puede dividir de la siguiente manera: (1) Cristo es Dios; en consecuencia, El es preexistente; (2) Cristo es el Creador; por tanto, El es preexistente; (3) Cristo es uno de los dadores del pacto anterior a la existencia del tiempo; así que El es preexistente; (4) el Angel de Jehová en el Antiguo Testamento es Cristo, de donde se deduce que El es preexistente; (5) hay afirmaciones bíblicas indirectas que afirman la preexistencia de Cristo; y (6) la Biblia tiene muchas afirmaciones directas que declaran que Cristo es preexistente.

1. La Deidad de Cristo

Las evidencias que demuestran la preexistencia de Cristo, cuando trata de la verdad de que El es Dios, tal como se indica en la división anterior, no tienen ninguna complicación. Siendo Dios, El ha existido desde la eternidad y es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Tal afirmación de la Deidad de Cristo es indispensable en cualquier intento de formular una cristología verdadera. El método que se escoja para avalar esta verdad, tiene que ser claro, es decir, que a medida que verifique la Deidad de Cristo afirme tanto su preexistencia como su eterna existencia. En esta forma quedará refutada la afirmación arriana, que sostiene que Cristo sí fue preexistente, pero que fue una criatura de Dios y, por tanto, no es igual a Dios. La Confesión de fe de Westminster declara con respecto a Dios:

"Hay sólo un Dios viviente y verdadero, que es infinito en su Ser y perfección, el más puro Espíritu, invisible, que no tiene cuerpo, ni partes, ni pasiones; que es inmutable, inmenso, eterno, incomprensible, todopoderoso, omnisapiente, santísimo, absolutamente libre y completamente absoluto, que hace todas las cosas según el consejo de su propia voluntad inmutable y justa, para su gloria; que es amantísimo, bondadoso, misericordioso, paciente, abundante en bondad y verdad; que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado; que es galardonador de los que diligentemente lo buscan; y que, por otra parte, es justísimo y terrible en sus juicios, que odia el pecado y que, por ningún motivo, dará por inocente al culpable. Dios tiene la vida, la gloria, la bondad y la bendición, en Sí y por Sí mismo; El es por Sí solo suficiente, y no tiene ninguna necesidad de las criaturas que ha hecho, ni de derivar de ellas ninguna clase de gloria, sino que manifiesta su gloria en ellas, por ellas, para ellas y sobre ellas; El es la única fuente de existencia, de Quien son todas las cosas, por Quien son y a Quien pertenecen; y El tiene el más soberano dominio sobre todas ellas, para hacer por medio de ellas, para ellas y sobre ellas, lo que a El le plazca. A su vista, todas las cosas están abiertas y manifiestas; su conocimiento es infinito, infalible e independiente de las criaturas, y nada es para El contingente ni incierto. El es absolutamente santo en todos sus consejos, en todas sus obras, en todos sus mandamientos. A El le deben adoración, servicio y obediencia, los ángeles, los hombres y todas las criaturas; y El se complace en exigírselos . . ."

Es probable que no se haya hecho otra declaración tan amplia con respecto a Dios como ésta; sin embargo, esta infinidad de Ser es la que predica la Escritura con respecto a Cristo. No hay nada que sea cierto con respecto a Dios, que no sea cierto con respecto a Cristo en el mismo grado de infinita perfección.

El mismo Señor Jesucristo declaró: "El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió" (Jn.5:23). El Hijo recibe deshonra cuando se le asigna un lugar inferior al del Padre. Este deshonor para el Hijo desagrada al Padre; y el ministerio cristiano, aunque sea sincero, es verdaderamente vano cuando se desarrolla con el conocimiento de que Dios está desagradado. La Deidad del Padre es admitida universalmente, y también se admite del mismo modo la Deidad del Espíritu; pero se le hace el desafío a la Deidad de Cristo.

La duda sobre la Deidad de Cristo no se hubiera presentado si el Hijo no se hubiera encarnado. El hecho de que El entró en la esfera humana es lo que ha promovido tal incredulidad. Por esto, es necesario que se dé el testimonio exacto de la Palabra de Dios con toda su autoridad. Pero, como si el Autor divino hubiera previsto que habría la tentación de la incredulidad por causa de la incomprensión de esta Persona que es a la vez Dios y hombre, se ha provisto la más fuerte evidencia con respecto a la Deidad de Cristo. Las Escrituras son muy claras y conclusivas en sus afirmaciones con respecto a la Deidad de Cristo, y en la misma forma con respecto a su humanidad. Su humanidad se revela por el método natural de atribuirle títulos humanos, atributos humanos, acciones humanas y relaciones humanas. Similarmente, su Divinidad se revela, atribuyéndole títulos divinos, atributos divinos, acciones divinas y relaciones divinas.

La enseñanza de Pablo

Para alcanzar lo que nos proponemos, habremos de comenzar con los escritos del apóstol Pablo ya que, luego de la persona misma de Jesucristo, Pablo fue sin duda el principal exponente y teólogo de la iglesia primitiva. Además, Pablo no fue uno de los discípulos originales de Cristo, lo que nos podría hacer suponer que su opinión estaba teñida de una afectividad personal. Por el contrario, Pablo comenzó siendo un enemigo acérrimo de Cristo y de la iglesia, y en su juventud hizo todo lo posible por destruirla. Además, su oposición estaba cuidadosamente argumentada. Pablo, un judío devoto, se aproximaba a la religión sobre el supuesto que Dios era una unidad. Pablo era monoteísta. Creía que las afirmaciones de los cristianos sobre la divinidad de Jesús, eran prácticamente una blasfemia. Resulta claro que si un hombre como Pablo fue convertido debe haber sido sobre la base de una profunda experiencia religiosa y sobre una evidencia fundada.

Filipenses 2:5_11 es un pasaje clave en el que Pablo revela su entendimiento sobre Jesús. En esa breve sección, Pablo recorre la vida de Cristo desde su eternidad pasada, cuando tenía forma de Dios y era igual a Dios, a través de los acontecimientos en su vida terrenal y la eternidad futura, donde una vez más es glorificado con el Padre. Comienza en el pasado infinito, desciende hasta el punto de la muerte de Cristo en la cruz, y luego asciende nuevamente hasta el futuro infinito. "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre".

Cuando habla sobre la posición que Jesús disfrutaba junto al Padre en la eternidad pasada, Pablo usa dos palabras que merecen un estudio detallado. La primera es la palabra griega morphe, que aparece en la frase "en forma de Dios". La palabra en castellano forma suele usarse para referirse a la forma visible de un objeto, es decir, a algo exterior. Este es uno de los significados de esta palabra -ocurre en la descripción que Pablo hace de los que tienen "Una apariencia de piedad" pero niegan el poder de la religión (2 Ti. 3:5)_ pero es el significado menos común. Hay otro uso de la palabra que sugiere la idea bíblica dominante. A veces decimos: "Hoy me siento en buena forma", con lo que queremos hablar no sólo sobre la mera apariencia exterior sino, sobre la condición interior también. Esto es lo que Pablo tenía en mente, en primer término, cuando escribió sobre Jesús en su estado antes de la encarnación. Lo que intentaba decir era que, "interiormente poseía y exteriormente desplegaba la propia naturaleza de Dios mismo".

La segunda palabra es aun más importante. Es ¡sos, que significa "igual", En castellano aparece en los términos, "isomorfo", "isométrico", y el "triángulo isósceles". Cuando decimos que dos cosas son isomorfas queremos decir que comparten la misma forma. Isométr¡co significa "en igual medida". Y un triángulo isósceles es aquel triángulo que tiene dos lados iguales, de la misma longitud. Cuando Pablo utiliza esta palabra con referencia a Jesús está enseñando que Jesús es igual a Dios.

Una vez que se describió cómo Jesús dejó de lado su gloria previa para convertirse en un hombre y morir por nosotros, Pablo a continuación nos muestra cómo volvió a recibir esa gloria y señala que ahora debe ser confesado como el Señor por toda criatura inteligente que habite el universo de Dios. En la última parte, "el nombre que es sobre todo nombre" es el nombre de Dios, "el Señor". No hay otro nombre aparte de "el Señor" que pueda equipararse al "nombre que es sobre todo nombre". El pasaje fluye hacia esta confesión; esto es lo que la afirmación "Jesucristo es el Señor" significa. Habla que "Jesús es Dios". Los términos que Pablo utiliza para describir el homenaje que el universo le rinde a Jesús es una alusión bastante directa a Isaías 45:23, donde Dios mismo declara que él mismo es el objeto de una adoración universal: "Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua".

Estos versículos de Filipenses son llamativos por su alto contenido teológico sobre la persona del Señor Jesucristo. Salen al encuentro de otras confesiones menores sobre la persona de Cristo, mostrando que cualquier punto de vista que lo haga simplemente un gran maestro o un gran profeta no corresponde a la completa y fiel revelación bíblica.

Hay otros dos pasajes que tienen el mismo alcance (desde la eternidad pasada a la eternidad futura) y que son 2 Corintios 8:9 y Gálatas 4:4. En el primero de estos pasajes, Pablo habla sobre el Señor Jesucristo como quien "por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros, con su pobreza fueseis enriquecidos".

En el segundo pasaje, describe que "cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que, redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos".

En ambas ocasiones Pablo está considerando una gloria previa de Cristo que por un período fue dejada de lado para poder alcanzar nuestra redención. Todos los demás pasajes que hablan sobre Dios como "enviando a su propio Hijo" también se ajustan a este marco (compare con Ro. 8:3; 1 Co. 15:47; Ef. 4:8_10).

En Colosenses 1:19 se nos dice que "agradó al Padre que en él habitase toda plenitud". En Colosenses 2:9, que "en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad". En otros lugares Pablo habla de Jesús como "Dios manifestado en carne" (1 Ti. 3:16), "nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tit. 2:13)

La enseñanza de Juan

En los libros tradicionalmente adjudicados al apóstol Juan, en particular el cuarto evangelio, la deidad de Cristo es un tema por encima de cualquier otro. El propósito del evangelio de Marcos, si es posible reducirlo a uno solo, es revelar al Señor Jesucristo como el siervo de Dios. Mateo lo presenta como el Mesías judío. Lucas hace hincapié sobre la humanidad de Cristo. Pero en Juan, Jesús se nos revela como el Hijo de Dios, eterno y preexistente, que se hizo hombre para revelar al Padre y traernos la vida eterna mediante su muerte y su resurrección. Hacia el final de ese evangelio, Juan nos dice explícitamente que este ha sido su propósito: "Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Jn. 20:30_31). Como este ha sido el propósito de Juan cuando escribió su evangelio, no nos sorprende encontrar su afirmación _que Jesús es Dios_ en el mismo comienzo de su evangelio. Allí escribe: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios" (1: 1_2). Del versículo 14 aprendemos que "aquel Verbo fue hecho carne" y que este término clave, Verbo, se refiere a Jesús. Es así como los versículos iniciales de este evangelio nos están diciendo que Jesús estaba con Dios desde el principio, o sea desde la eternidad pasada, y que en realidad él mismo era enteramente Dios. Las palabras que abren este evangelio son una afirmación categórica sobre la divinidad de Cristo. Hay al menos tres afirmaciones distintas en estos versículos.

La primera afirmación es que Jesús existía con Dios, "en el principio". Esta expresión es utilizada de distintas maneras en la Biblia. En la primera carta de Juan se la utiliza para referirse al inicio del ministerio de Cristo sobre esta tierra: "Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida... lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos" (1 Jn. 1: 1_3). En Génesis se la usa para describir el comienzo de la creación, "En el principio creó Dios los cielos y la tierra" (Gn. 1:1). Pero en el evangelio de Juan, la referencia en la expresión va más atrás a ese comienzo. Juan se está refiriendo a una eternidad pasada, diciendo que cuando una persona comienza a hablar sobre Jesucristo, él o ella sólo puede hacerlo adecuadamente si va más atrás en el tiempo, antes de su vida en la tierra, antes del comienzo de la creación, a la eternidad. Es allí donde Jesús estaba. Según esta perspectiva, Juan claramente comparte las enseñanzas de Pablo en la epístola a los Filipenses.

La segunda afirmación del capítulo 1 de Juan es que Jesucristo era "con" Dios. Esta es una afirmación de la personalidad separada de Cristo en el mismo sentido que ha sido expresada en la doctrina de separación de las personas dentro de la Trinidad. Juan desea decir que Jesús es plenamente Dios. Más adelante nos informará sobre Jesús diciendo "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Jn. 14:9). Juan sabe que dentro de la Divinidad hay diversidad, y está expresando esto con esta afirmación.

La última afirmación es la declaración que Jesús es plenamente divino. El texto griego dice literalmente: "Y Dios era el Verbo" lo que significa "Y Jesús era plenamente divino en todos sus aspectos". Todo lo que podemos decir sobre el Padre puede ser también dicho sobre el Hijo. ¿Es soberano el Padre? También Jesús es soberano., ¿Es omnisciente el Padre? También Jesús es omnisciente. ¿Es omnipresente el Padre? También Jesús es omnipresente. En realidad, en Jesús podemos encontrar toda la sabiduría, la gloria, el poder, el amor, la santidad, la justicia, la bondad y la verdad de Dios.

Al estudiar Juan 1:1-14, leemos acerca del concepto único de Juan el " Verbo (Logos) de Dios". Pero, ¿por qué se le llama a Jesús el Verbo? Vamos a pensar de la siguiente forma: suponga que está pensando cierta cosa en su corazón. Ahora bien, ¿cómo va a hacer que sus amigos sepan lo que está pensando? Pues debe decírselo. Utilizará palabras (verbos) para que sus amigos sepan lo que quiere decirles. Dios envió a Jesús, el Verbo, para dar a conocer su mensaje entre los hombres. Es Jesús quien nos hace saber las cosas que hay en el mismo corazón de Dios. Jesús hizo saber el mensaje de Dios por medio de sus enseñanzas y sus hechos. Por esto, a Jesús se le llama el Verbo. Él es Verbo de Dios para toda la humanidad. Por tanto, vemos que "Verbo" (o Palabra) es uno de los muchos títulos que se atribuyen a Jesús.

Vamos a ver algunas verdades sobre Dios que Jesús nos revela como Verbo de Dios.

Jesús revela el verdadero carácter de Dios.

Él dijo: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14:9). Mucha gente pregunta en su corazón: "¿Cuál es el verdadero carácter de Dios?". Es imposible describir con precisión el verdadero carácter de alguien, sobre todo, cuando ese "alguien" es Dios. Es mucho mejor si podemos ver a esa persona. Esto es precisamente lo que pasó con Jesús. Dios se dejó ver por medio de Jesucristo. Los profetas del Antiguo Testamento intentaron de muchas maneras diferentes hablar al pueblo del verdadero carácter de Dios. Todo cuanto dijeron era verdad pero ninguno era capaz de decir todo acerca de Dios. Sólo podrían saberlo si lo hubieran visto. El hombre llegó a ver y a entender plenamente a Dios en Jesucristo. Sí, Jesús era el Verbo de Dios dado a los hombres para que conocieran verdaderamente su carácter.

Jesús revela el plan de Dios para la salvación.

Muchos alrededor del mundo sienten en su corazón la necesidad de Dios. Saben que han pecado contra Dios. Saben que el pecado trae malas relaciones entre ellos y Dios. Comienzan a pensar, "¿cómo puedo restablecer mis relaciones con Dios?" En sus intentos de rectificar esas relaciones, hacen muchas cosas. Algunos adoran espíritus de sus antepasados. Otros veneran ídolos. Algunos ofrecen sacrificios vivos. Algunos siguen las enseñanzas de los hombres. Ninguna de estas cosas es acertada. Si un hombre quiere la salvación de Dios, no debe seguir su propio criterio ni tampoco el criterio de algún otro hombre. Debe aprender y seguir el plan de Dios. Jesús es el Verbo de Dios al hombre referente al verdadero camino de salvación. Cualquier plan que difiera del plan de Dios que ha dado Jesucristo es un plan falso. Jesús dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí" (Juan 14:6).

Jesús revela la voluntad de Dios para las vidas de los cristianos.

Ya hemos visto que Jesús es el Verbo de Dios y que Él revela el plan de Dios para la salvación del hombre. Jesús es también el Verbo de Dios al hombre que ha sido salvo para que sepa cómo debe vivir. El cristiano debe leer la Biblia cuidadosamente. Debe estudiar la vida de Jesús. Se encontrará que cumplir la voluntad de Dios era su mayor deseo. Cuando Jesús contemplaba el tremendo dolor que sufriría en la cruz, oró a Dios diciendo: "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero sino como tú" (Mateo 26:39). Si existiera algún camino para escapar del sufrimiento de la cruz, Jesús estaba dispuesto a seguirlo. Sin embargo, mayor que su deseo de evitar el sufrimiento que se acercaba, era su deseo de cumplir la voluntad de Dios. Y porque Jesús colocaba la voluntad de Dios antes que sus propios deseos, hay un camino de salvación para nosotros ahora.

Debemos también, recordar esto: Jesús era el Verbo de Dios a la humanidad. Él no sólo dijo a los hombres que debían obedecer a Dios sino les enseñó también cómo debían obedecerlo. Deben hacerlo por medio de poner la voluntad de Dios por encima de todo lo demás en sus vidas. En Juan 6: 38 leemos: "Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió"; Rm. 5:19 "Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos."; y Heb. 5:8 "Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia"

Jesús revela la verdad sobre la eternidad.

Una maestra no puede enseñar materias difíciles a los niños en el primer curso. Los niños sólo empiezan a aprender. Por tanto, se les debe enseñar al principio cosas sencillas. Entonces, cuando hayan aprendido bien las primeras verdades, están preparados para aprender verdades más profundas. El Antiguo Testamento es como el curso primero. En él, se enseñan las grandes verdades primarias y estas verdades se deben comprender bien. Pero en Jesús, llegamos a una comprensión más completa acerca de Dios y las cosas de la eternidad. Las enseñanzas sobre la vida eterna son más claras en el Nuevo Testamento que en el Antiguo. Si queremos comprender acerca de la vida después de la muerte, entonces debemos prestarle atención a sus enseñanzas. En Juan 11:25-26 leemos: "Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente..."; Jn. 10:10b "...Yo he venido para tengan vida, y para que la tengan en abundancia".

Jesús es la última revelación de Dios al hombre.

Cuando la verdad completa ha sido revelada, no hay necesidad de que se añadan otras cosas. Dios contó toda la verdad acerca de Él mismo, la salvación y la vida cristiana en Jesucristo. En Colosenses 1:15 leemos acerca de Jesús: "Él es la imagen del Dios invisible". Dios está revelado perfectamente en Jesucristo. Por lo tanto, si un hombre desea conocer la verdad acerca de Dios, debe aprender esta verdad de Jesucristo. Otras personas han venido y han dicho: "Pero Dios nos ha dicho más de lo que está escrito en la Biblia y en la tradición". ESTO ES UNA MENTIRA. La revelación de Dios acerca de sí mismo fue completada en Jesucristo.

Cuando un cuadro perfecto ha sido pintado, cualquier cosa que se quita del cuadro o se añade, lo estropeará. Dios está "pintado" perfectamente en Jesús. Cuando alguien intenta restar de o añadir a este retrato de Dios que vemos en Cristo, estropea el cuadro. Dios ha dicho claramente sobre los que intentan cambiar la Biblia en cualquier manera. En el último libro de la Biblia queda muy claro que cualquier persona que viene con "extras" no ha venido de Dios.

"Si alguno añadiere a estas cosas, Dios pondrá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras de este libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida." (Apocalipsis 22:18-19).

Otro texto donde Juan habla de la deidad de Cristo es Juan 12: 41, donde luego de haberse referido a la visión que Isaías tuvo de Dios (en Isaías 6), dice: "Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él".

Para las personas, que viven hoy en día, en particular los cristianos, esta referencia puede, parecer muy natural, ya que estamos acostumbrados a afirmaciones teológicas que le asignan una plena deidad a Cristo. Pero esto, que hoy resulta tan natural, no era nada natural para Juan, un judío monoteísta, ni para sus contemporáneos. Para un judío viviendo en los tiempos de Juan, Dios era prácticamente inaccesible. Era el Santo de Israel. Habitaba la gloria inaccesible. Nunca nadie lo veía. Y cuando en alguna ocasión fuera de lo común alguna persona privilegiada, como Moisés o Isaías, había tenido una visión de Dios en su gloria, se creía que no habían tenido en realidad una visión de Dios como es en sí mismo, sino más bien solo una imagen o un reflejo de él. Pero que sin embargo dicha visión los había llenado de temor y admiración.

Lo que vio Isaías fue la visión, más fiel y cercana que aparece en todos los escritos y tradiciones judías, de un "retrato" del Dios vivo y santo. Y esta visión con todo su esplendor inexpresable es la que Juan aplica a la persona de Jesús. No cabe duda que Juan está tomando la visión más excelsa de Dios en todo el Antiguo Testamento para decir que era el retrato de un humilde carpintero de Nazaret que estaba por ser crucificado _así de alta y sublime es la opinión que Juan tenía de él, de el Verbo de Dios.


RECIBAN UN CORDIAL SALUDO EN CRISTO
DR. JOHN SANTIAGO DE MALAGA ESPAÑA
PermalinkEnlace directo 03.01.08 @ 05:19
Comentario de: Dr. Juan Elías Santiago [Visitante] Email
Cristología

Introducción

La cristología, a la cual dedicamos este espacio, es la doctrina con respecto al Señor Jesucristo. Al intentar escribir sobre su adorable Persona y sus incomprensibles realizaciones; las cuales, cuando estén cabalmente cumplidas, habrán perfeccionado la Redención, habrán ejercido el atributo de la gracia con infinita satisfacción y manifestado al Dios invisible para todas las criaturas, y habrán sometido al universo rebelde en el cual se ha permitido el pecado para demostrar su extraordinaria pecaminosidad.

De este Ser incomparable se ha dicho que "En el principio era el verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios." (Jn. 1:1) Sin embargo, ese mismo Ser, que de esa manera ocupaba el más alto sitial de Deidad en compañía con el Padre y el Espíritu ". . . fue hecho carne, y habitó entre nosotros . . ." El, que ha existido desde la eternidad y que existirá por toda la eternidad, nació de una mujer y murió en una cruz. El, que según el mensajero profético es Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz (Is. 9:6b), fue escupido y rechazado por los hombres. El, que es Consejero, llega a ser el Hijo que aprende la obediencia por medio de los sufrimientos que experimentó. El, que es el Príncipe de Paz, ha de pisar el lagar de la ira del Dios Todopoderoso. "He pisado yo solo el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo; los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas. Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha llegado" (Is. 63:3-4) El, que dijo: "... estoy entre vosotros como el que sirve", dijo también: "No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada".(Mt. 10:34) El, que es el puro Amante del galanteo en el Cantar de los Cantares, es el mismo Rey de gloria, poderoso en batalla. El, que es el Hacedor de todas las cosas, ocupó la cuna de un niño. El, que es santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, fue hecho pecado a favor de otros. El, que es el Pan de vida, padeció hambre, El, que es el Dador del agua sobrenatural de la vida, estuvo sediento, El, que es el Don de vida que Dios le ofrece al mundo perdido, tuvo que morir. El, que estuvo muerto, vive para siempre jamás.

No se puede hallar mayor amplitud de realidades que las que encontramos cuando predicamos sobre la Persona que a la vez es el mismo Dios y el mismo hombre. Nos quedamos perplejos cuando pensamos, cómo pudo Dios nacer en forma humana, y morir; cómo pudo Dios crecer en sabiduría y en estatura; cómo pudo Dios ser tentado; cómo pudo Dios estar sujeto a la ley; cómo pudo Dios sentir la necesidad de la oración; cómo se le pudo dar a El algo que no fuere antes suyo; cómo pudo El ser exaltado más de lo que fue antes. Asimismo se pudiera averiguar cómo un hombre visible, plenamente identificado en la tierra, pudo sanar toda clase de enfermedades mediante su autoridad; cómo pudo El calmar las ondas con el mandato de su palabra; cómo pudo El tener completo dominio sobre las esferas angelicales; cómo pudo estar asociado con el Padre y con el Espíritu mediante majestuosos atributos de gloria celestial; cómo pudo mantener sus títulos, sus maravillosos atributos y la verdadera adoración que le corresponde a la Deidad. La respuesta se halla en la verdad revelada de que este Ser, como ningún otro ha podido ser jamás, es tanto Dios como hombre.

Nadie debe sorprenderse por el hecho de que este Ser es diferente y, por cuanto no tiene paralelo en la historia del universo, es incomprensible a las mentes finitas. Si El hubiera sido solamente hombre, aunque hubiera sido el más grande de todos, sus compañeros hubieran visto alguna falta en El. No obstante, cuando Pedro escribe de él dice: "el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca" (1 P. 2:22) El es, sobre todo, el Dios de la eternidad; y por causa de este aspecto de su incomparable Persona, la mente humana no puede sondear las inmensurables profundidades de su Ser, ni escalar sus alturas sin límite.

Un incontable número de hombres devotos, y aun aquellos que no reconocen verdaderamente la autoridad divina, han competido unos con otros en el esfuerzo de definir la Persona de Cristo. La cristología se propone explicar a esta Persona tan admirable.

La división más amplia y común de la cristología tiene dos partes: La Persona de Cristo y su obra. La parte que estudia la obra de Cristo se circunscribe generalmente a la Redención que El realizó, y no incluye otros aspectos notables, como su vida sobre la tierra, sus enseñanzas, la manifestación de sus atributos divinos, sus oficios de profeta, sacerdote y rey ni sus relaciones con los seres angelicales. Tomando en cuenta esta consideración más amplia de la cristología, el presente estudio tendrá esta división: (1) El Cristo pre_encarnado; (2) Su encarnación; (3) sufrimientos y muerte; (4) La resurreción; (5) La ascensión y ministerio actual; (6) La segunda venida y el reino milenial de Cristo; y (7) El reino eterno de Cristo.

EL CRISTO PRE-ENCARNADO

La cuestión sobre quién es Jesucristo llega a ser fundamental en la cristología. Si El es el mismo Dios, como realmente lo es, entonces su nacimiento, su vida terrenal, sus enseñanzas, su muerte, su resurrección, su oficio actual en el cielo y su regreso adquieren proporciones de inmensidad e infinidad. Por otra parte, si la cristología ha de ocuparse sencillamente de un hombre, aunque ese hombre hubiera sido verdaderamente exaltado y favorecido por Dios, todos los asuntos relacionados con él no serían sino detalles de la exaltación humana.

Es esencial, por tanto, antes de poder realizar cualquier empresa divina por medio de Jesucristo, que la mente y el corazón del estudiante estén convencidos de que Cristo es Dios.

Tal como sucede en gran número y una gran variedad de temas, la única fuente en la cual podemos obtener información con respecto a la Persona y a la obra de Cristo es el Texto Sagrado. En ese Texto, Dios nos ha hablado lo relativo a la Deidad y a la eterna existencia de su Hijo; y además, esto no ha sido, en modo limitado, sino en todo aspecto y detalle.

La revelación divina con respecto a la preexistencia de Cristo se puede dividir de la siguiente manera: (1) Cristo es Dios; en consecuencia, El es preexistente; (2) Cristo es el Creador; por tanto, El es preexistente; (3) Cristo es uno de los dadores del pacto anterior a la existencia del tiempo; así que El es preexistente; (4) el Angel de Jehová en el Antiguo Testamento es Cristo, de donde se deduce que El es preexistente; (5) hay afirmaciones bíblicas indirectas que afirman la preexistencia de Cristo; y (6) la Biblia tiene muchas afirmaciones directas que declaran que Cristo es preexistente.

1. La Deidad de Cristo

Las evidencias que demuestran la preexistencia de Cristo, cuando trata de la verdad de que El es Dios, tal como se indica en la división anterior, no tienen ninguna complicación. Siendo Dios, El ha existido desde la eternidad y es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Tal afirmación de la Deidad de Cristo es indispensable en cualquier intento de formular una cristología verdadera. El método que se escoja para avalar esta verdad, tiene que ser claro, es decir, que a medida que verifique la Deidad de Cristo afirme tanto su preexistencia como su eterna existencia. En esta forma quedará refutada la afirmación arriana, que sostiene que Cristo sí fue preexistente, pero que fue una criatura de Dios y, por tanto, no es igual a Dios. La Confesión de fe de Westminster declara con respecto a Dios:

"Hay sólo un Dios viviente y verdadero, que es infinito en su Ser y perfección, el más puro Espíritu, invisible, que no tiene cuerpo, ni partes, ni pasiones; que es inmutable, inmenso, eterno, incomprensible, todopoderoso, omnisapiente, santísimo, absolutamente libre y completamente absoluto, que hace todas las cosas según el consejo de su propia voluntad inmutable y justa, para su gloria; que es amantísimo, bondadoso, misericordioso, paciente, abundante en bondad y verdad; que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado; que es galardonador de los que diligentemente lo buscan; y que, por otra parte, es justísimo y terrible en sus juicios, que odia el pecado y que, por ningún motivo, dará por inocente al culpable. Dios tiene la vida, la gloria, la bondad y la bendición, en Sí y por Sí mismo; El es por Sí solo suficiente, y no tiene ninguna necesidad de las criaturas que ha hecho, ni de derivar de ellas ninguna clase de gloria, sino que manifiesta su gloria en ellas, por ellas, para ellas y sobre ellas; El es la única fuente de existencia, de Quien son todas las cosas, por Quien son y a Quien pertenecen; y El tiene el más soberano dominio sobre todas ellas, para hacer por medio de ellas, para ellas y sobre ellas, lo que a El le plazca. A su vista, todas las cosas están abiertas y manifiestas; su conocimiento es infinito, infalible e independiente de las criaturas, y nada es para El contingente ni incierto. El es absolutamente santo en todos sus consejos, en todas sus obras, en todos sus mandamientos. A El le deben adoración, servicio y obediencia, los ángeles, los hombres y todas las criaturas; y El se complace en exigírselos . . ."

Es probable que no se haya hecho otra declaración tan amplia con respecto a Dios como ésta; sin embargo, esta infinidad de Ser es la que predica la Escritura con respecto a Cristo. No hay nada que sea cierto con respecto a Dios, que no sea cierto con respecto a Cristo en el mismo grado de infinita perfección.

El mismo Señor Jesucristo declaró: "El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió" (Jn.5:23). El Hijo recibe deshonra cuando se le asigna un lugar inferior al del Padre. Este deshonor para el Hijo desagrada al Padre; y el ministerio cristiano, aunque sea sincero, es verdaderamente vano cuando se desarrolla con el conocimiento de que Dios está desagradado. La Deidad del Padre es admitida universalmente, y también se admite del mismo modo la Deidad del Espíritu; pero se le hace el desafío a la Deidad de Cristo.

La duda sobre la Deidad de Cristo no se hubiera presentado si el Hijo no se hubiera encarnado. El hecho de que El entró en la esfera humana es lo que ha promovido tal incredulidad. Por esto, es necesario que se dé el testimonio exacto de la Palabra de Dios con toda su autoridad. Pero, como si el Autor divino hubiera previsto que habría la tentación de la incredulidad por causa de la incomprensión de esta Persona que es a la vez Dios y hombre, se ha provisto la más fuerte evidencia con respecto a la Deidad de Cristo. Las Escrituras son muy claras y conclusivas en sus afirmaciones con respecto a la Deidad de Cristo, y en la misma forma con respecto a su humanidad. Su humanidad se revela por el método natural de atribuirle títulos humanos, atributos humanos, acciones humanas y relaciones humanas. Similarmente, su Divinidad se revela, atribuyéndole títulos divinos, atributos divinos, acciones divinas y relaciones divinas.

La enseñanza de Pablo

Para alcanzar lo que nos proponemos, habremos de comenzar con los escritos del apóstol Pablo ya que, luego de la persona misma de Jesucristo, Pablo fue sin duda el principal exponente y teólogo de la iglesia primitiva. Además, Pablo no fue uno de los discípulos originales de Cristo, lo que nos podría hacer suponer que su opinión estaba teñida de una afectividad personal. Por el contrario, Pablo comenzó siendo un enemigo acérrimo de Cristo y de la iglesia, y en su juventud hizo todo lo posible por destruirla. Además, su oposición estaba cuidadosamente argumentada. Pablo, un judío devoto, se aproximaba a la religión sobre el supuesto que Dios era una unidad. Pablo era monoteísta. Creía que las afirmaciones de los cristianos sobre la divinidad de Jesús, eran prácticamente una blasfemia. Resulta claro que si un hombre como Pablo fue convertido debe haber sido sobre la base de una profunda experiencia religiosa y sobre una evidencia fundada.

Filipenses 2:5_11 es un pasaje clave en el que Pablo revela su entendimiento sobre Jesús. En esa breve sección, Pablo recorre la vida de Cristo desde su eternidad pasada, cuando tenía forma de Dios y era igual a Dios, a través de los acontecimientos en su vida terrenal y la eternidad futura, donde una vez más es glorificado con el Padre. Comienza en el pasado infinito, desciende hasta el punto de la muerte de Cristo en la cruz, y luego asciende nuevamente hasta el futuro infinito. "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre".

Cuando habla sobre la posición que Jesús disfrutaba junto al Padre en la eternidad pasada, Pablo usa dos palabras que merecen un estudio detallado. La primera es la palabra griega morphe, que aparece en la frase "en forma de Dios". La palabra en castellano forma suele usarse para referirse a la forma visible de un objeto, es decir, a algo exterior. Este es uno de los significados de esta palabra -ocurre en la descripción que Pablo hace de los que tienen "Una apariencia de piedad" pero niegan el poder de la religión (2 Ti. 3:5)_ pero es el significado menos común. Hay otro uso de la palabra que sugiere la idea bíblica dominante. A veces decimos: "Hoy me siento en buena forma", con lo que queremos hablar no sólo sobre la mera apariencia exterior sino, sobre la condición interior también. Esto es lo que Pablo tenía en mente, en primer término, cuando escribió sobre Jesús en su estado antes de la encarnación. Lo que intentaba decir era que, "interiormente poseía y exteriormente desplegaba la propia naturaleza de Dios mismo".

La segunda palabra es aun más importante. Es ¡sos, que significa "igual", En castellano aparece en los términos, "isomorfo", "isométrico", y el "triángulo isósceles". Cuando decimos que dos cosas son isomorfas queremos decir que comparten la misma forma. Isométr¡co significa "en igual medida". Y un triángulo isósceles es aquel triángulo que tiene dos lados iguales, de la misma longitud. Cuando Pablo utiliza esta palabra con referencia a Jesús está enseñando que Jesús es igual a Dios.

Una vez que se describió cómo Jesús dejó de lado su gloria previa para convertirse en un hombre y morir por nosotros, Pablo a continuación nos muestra cómo volvió a recibir esa gloria y señala que ahora debe ser confesado como el Señor por toda criatura inteligente que habite el universo de Dios. En la última parte, "el nombre que es sobre todo nombre" es el nombre de Dios, "el Señor". No hay otro nombre aparte de "el Señor" que pueda equipararse al "nombre que es sobre todo nombre". El pasaje fluye hacia esta confesión; esto es lo que la afirmación "Jesucristo es el Señor" significa. Habla que "Jesús es Dios". Los términos que Pablo utiliza para describir el homenaje que el universo le rinde a Jesús es una alusión bastante directa a Isaías 45:23, donde Dios mismo declara que él mismo es el objeto de una adoración universal: "Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua".

Estos versículos de Filipenses son llamativos por su alto contenido teológico sobre la persona del Señor Jesucristo. Salen al encuentro de otras confesiones menores sobre la persona de Cristo, mostrando que cualquier punto de vista que lo haga simplemente un gran maestro o un gran profeta no corresponde a la completa y fiel revelación bíblica.

Hay otros dos pasajes que tienen el mismo alcance (desde la eternidad pasada a la eternidad futura) y que son 2 Corintios 8:9 y Gálatas 4:4. En el primero de estos pasajes, Pablo habla sobre el Señor Jesucristo como quien "por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros, con su pobreza fueseis enriquecidos".

En el segundo pasaje, describe que "cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que, redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos".

En ambas ocasiones Pablo está considerando una gloria previa de Cristo que por un período fue dejada de lado para poder alcanzar nuestra redención. Todos los demás pasajes que hablan sobre Dios como "enviando a su propio Hijo" también se ajustan a este marco (compare con Ro. 8:3; 1 Co. 15:47; Ef. 4:8_10).

En Colosenses 1:19 se nos dice que "agradó al Padre que en él habitase toda plenitud". En Colosenses 2:9, que "en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad". En otros lugares Pablo habla de Jesús como "Dios manifestado en carne" (1 Ti. 3:16), "nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tit. 2:13)

La enseñanza de Juan

En los libros tradicionalmente adjudicados al apóstol Juan, en particular el cuarto evangelio, la deidad de Cristo es un tema por encima de cualquier otro. El propósito del evangelio de Marcos, si es posible reducirlo a uno solo, es revelar al Señor Jesucristo como el siervo de Dios. Mateo lo presenta como el Mesías judío. Lucas hace hincapié sobre la humanidad de Cristo. Pero en Juan, Jesús se nos revela como el Hijo de Dios, eterno y preexistente, que se hizo hombre para revelar al Padre y traernos la vida eterna mediante su muerte y su resurrección. Hacia el final de ese evangelio, Juan nos dice explícitamente que este ha sido su propósito: "Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Jn. 20:30_31). Como este ha sido el propósito de Juan cuando escribió su evangelio, no nos sorprende encontrar su afirmación _que Jesús es Dios_ en el mismo comienzo de su evangelio. Allí escribe: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios" (1: 1_2). Del versículo 14 aprendemos que "aquel Verbo fue hecho carne" y que este término clave, Verbo, se refiere a Jesús. Es así como los versículos iniciales de este evangelio nos están diciendo que Jesús estaba con Dios desde el principio, o sea desde la eternidad pasada, y que en realidad él mismo era enteramente Dios. Las palabras que abren este evangelio son una afirmación categórica sobre la divinidad de Cristo. Hay al menos tres afirmaciones distintas en estos versículos.

La primera afirmación es que Jesús existía con Dios, "en el principio". Esta expresión es utilizada de distintas maneras en la Biblia. En la primera carta de Juan se la utiliza para referirse al inicio del ministerio de Cristo sobre esta tierra: "Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida... lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos" (1 Jn. 1: 1_3). En Génesis se la usa para describir el comienzo de la creación, "En el principio creó Dios los cielos y la tierra" (Gn. 1:1). Pero en el evangelio de Juan, la referencia en la expresión va más atrás a ese comienzo. Juan se está refiriendo a una eternidad pasada, diciendo que cuando una persona comienza a hablar sobre Jesucristo, él o ella sólo puede hacerlo adecuadamente si va más atrás en el tiempo, antes de su vida en la tierra, antes del comienzo de la creación, a la eternidad. Es allí donde Jesús estaba. Según esta perspectiva, Juan claramente comparte las enseñanzas de Pablo en la epístola a los Filipenses.

La segunda afirmación del capítulo 1 de Juan es que Jesucristo era "con" Dios. Esta es una afirmación de la personalidad separada de Cristo en el mismo sentido que ha sido expresada en la doctrina de separación de las personas dentro de la Trinidad. Juan desea decir que Jesús es plenamente Dios. Más adelante nos informará sobre Jesús diciendo "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Jn. 14:9). Juan sabe que dentro de la Divinidad hay diversidad, y está expresando esto con esta afirmación.

La última afirmación es la declaración que Jesús es plenamente divino. El texto griego dice literalmente: "Y Dios era el Verbo" lo que significa "Y Jesús era plenamente divino en todos sus aspectos". Todo lo que podemos decir sobre el Padre puede ser también dicho sobre el Hijo. ¿Es soberano el Padre? También Jesús es soberano., ¿Es omnisciente el Padre? También Jesús es omnisciente. ¿Es omnipresente el Padre? También Jesús es omnipresente. En realidad, en Jesús podemos encontrar toda la sabiduría, la gloria, el poder, el amor, la santidad, la justicia, la bondad y la verdad de Dios.

Al estudiar Juan 1:1-14, leemos acerca del concepto único de Juan el " Verbo (Logos) de Dios". Pero, ¿por qué se le llama a Jesús el Verbo? Vamos a pensar de la siguiente forma: suponga que está pensando cierta cosa en su corazón. Ahora bien, ¿cómo va a hacer que sus amigos sepan lo que está pensando? Pues debe decírselo. Utilizará palabras (verbos) para que sus amigos sepan lo que quiere decirles. Dios envió a Jesús, el Verbo, para dar a conocer su mensaje entre los hombres. Es Jesús quien nos hace saber las cosas que hay en el mismo corazón de Dios. Jesús hizo saber el mensaje de Dios por medio de sus enseñanzas y sus hechos. Por esto, a Jesús se le llama el Verbo. Él es Verbo de Dios para toda la humanidad. Por tanto, vemos que "Verbo" (o Palabra) es uno de los muchos títulos que se atribuyen a Jesús.

Vamos a ver algunas verdades sobre Dios que Jesús nos revela como Verbo de Dios.

Jesús revela el verdadero carácter de Dios.

Él dijo: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14:9). Mucha gente pregunta en su corazón: "¿Cuál es el verdadero carácter de Dios?". Es imposible describir con precisión el verdadero carácter de alguien, sobre todo, cuando ese "alguien" es Dios. Es mucho mejor si podemos ver a esa persona. Esto es precisamente lo que pasó con Jesús. Dios se dejó ver por medio de Jesucristo. Los profetas del Antiguo Testamento intentaron de muchas maneras diferentes hablar al pueblo del verdadero carácter de Dios. Todo cuanto dijeron era verdad pero ninguno era capaz de decir todo acerca de Dios. Sólo podrían saberlo si lo hubieran visto. El hombre llegó a ver y a entender plenamente a Dios en Jesucristo. Sí, Jesús era el Verbo de Dios dado a los hombres para que conocieran verdaderamente su carácter.

Jesús revela el plan de Dios para la salvación.

Muchos alrededor del mundo sienten en su corazón la necesidad de Dios. Saben que han pecado contra Dios. Saben que el pecado trae malas relaciones entre ellos y Dios. Comienzan a pensar, "¿cómo puedo restablecer mis relaciones con Dios?" En sus intentos de rectificar esas relaciones, hacen muchas cosas. Algunos adoran espíritus de sus antepasados. Otros veneran ídolos. Algunos ofrecen sacrificios vivos. Algunos siguen las enseñanzas de los hombres. Ninguna de estas cosas es acertada. Si un hombre quiere la salvación de Dios, no debe seguir su propio criterio ni tampoco el criterio de algún otro hombre. Debe aprender y seguir el plan de Dios. Jesús es el Verbo de Dios al hombre referente al verdadero camino de salvación. Cualquier plan que difiera del plan de Dios que ha dado Jesucristo es un plan falso. Jesús dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí" (Juan 14:6).

Jesús revela la voluntad de Dios para las vidas de los cristianos.

Ya hemos visto que Jesús es el Verbo de Dios y que Él revela el plan de Dios para la salvación del hombre. Jesús es también el Verbo de Dios al hombre que ha sido salvo para que sepa cómo debe vivir. El cristiano debe leer la Biblia cuidadosamente. Debe estudiar la vida de Jesús. Se encontrará que cumplir la voluntad de Dios era su mayor deseo. Cuando Jesús contemplaba el tremendo dolor que sufriría en la cruz, oró a Dios diciendo: "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero sino como tú" (Mateo 26:39). Si existiera algún camino para escapar del sufrimiento de la cruz, Jesús estaba dispuesto a seguirlo. Sin embargo, mayor que su deseo de evitar el sufrimiento que se acercaba, era su deseo de cumplir la voluntad de Dios. Y porque Jesús colocaba la voluntad de Dios antes que sus propios deseos, hay un camino de salvación para nosotros ahora.

Debemos también, recordar esto: Jesús era el Verbo de Dios a la humanidad. Él no sólo dijo a los hombres que debían obedecer a Dios sino les enseñó también cómo debían obedecerlo. Deben hacerlo por medio de poner la voluntad de Dios por encima de todo lo demás en sus vidas. En Juan 6: 38 leemos: "Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió"; Rm. 5:19 "Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos."; y Heb. 5:8 "Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia"

Jesús revela la verdad sobre la eternidad.

Una maestra no puede enseñar materias difíciles a los niños en el primer curso. Los niños sólo empiezan a aprender. Por tanto, se les debe enseñar al principio cosas sencillas. Entonces, cuando hayan aprendido bien las primeras verdades, están preparados para aprender verdades más profundas. El Antiguo Testamento es como el curso primero. En él, se enseñan las grandes verdades primarias y estas verdades se deben comprender bien. Pero en Jesús, llegamos a una comprensión más completa acerca de Dios y las cosas de la eternidad. Las enseñanzas sobre la vida eterna son más claras en el Nuevo Testamento que en el Antiguo. Si queremos comprender acerca de la vida después de la muerte, entonces debemos prestarle atención a sus enseñanzas. En Juan 11:25-26 leemos: "Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente..."; Jn. 10:10b "...Yo he venido para tengan vida, y para que la tengan en abundancia".

Jesús es la última revelación de Dios al hombre.

Cuando la verdad completa ha sido revelada, no hay necesidad de que se añadan otras cosas. Dios contó toda la verdad acerca de Él mismo, la salvación y la vida cristiana en Jesucristo. En Colosenses 1:15 leemos acerca de Jesús: "Él es la imagen del Dios invisible". Dios está revelado perfectamente en Jesucristo. Por lo tanto, si un hombre desea conocer la verdad acerca de Dios, debe aprender esta verdad de Jesucristo. Otras personas han venido y han dicho: "Pero Dios nos ha dicho más de lo que está escrito en la Biblia y en la tradición". ESTO ES UNA MENTIRA. La revelación de Dios acerca de sí mismo fue completada en Jesucristo.

Cuando un cuadro perfecto ha sido pintado, cualquier cosa que se quita del cuadro o se añade, lo estropeará. Dios está "pintado" perfectamente en Jesús. Cuando alguien intenta restar de o añadir a este retrato de Dios que vemos en Cristo, estropea el cuadro. Dios ha dicho claramente sobre los que intentan cambiar la Biblia en cualquier manera. En el último libro de la Biblia queda muy claro que cualquier persona que viene con "extras" no ha venido de Dios.

"Si alguno añadiere a estas cosas, Dios pondrá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras de este libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida." (Apocalipsis 22:18-19).

Otro texto donde Juan habla de la deidad de Cristo es Juan 12: 41, donde luego de haberse referido a la visión que Isaías tuvo de Dios (en Isaías 6), dice: "Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él".

Para las personas, que viven hoy en día, en particular los cristianos, esta referencia puede, parecer muy natural, ya que estamos acostumbrados a afirmaciones teológicas que le asignan una plena deidad a Cristo. Pero esto, que hoy resulta tan natural, no era nada natural para Juan, un judío monoteísta, ni para sus contemporáneos. Para un judío viviendo en los tiempos de Juan, Dios era prácticamente inaccesible. Era el Santo de Israel. Habitaba la gloria inaccesible. Nunca nadie lo veía. Y cuando en alguna ocasión fuera de lo común alguna persona privilegiada, como Moisés o Isaías, había tenido una visión de Dios en su gloria, se creía que no habían tenido en realidad una visión de Dios como es en sí mismo, sino más bien solo una imagen o un reflejo de él. Pero que sin embargo dicha visión los había llenado de temor y admiración.

Lo que vio Isaías fue la visión, más fiel y cercana que aparece en todos los escritos y tradiciones judías, de un "retrato" del Dios vivo y santo. Y esta visión con todo su esplendor inexpresable es la que Juan aplica a la persona de Jesús. No cabe duda que Juan está tomando la visión más excelsa de Dios en todo el Antiguo Testamento para decir que era el retrato de un humilde carpintero de Nazaret que estaba por ser crucificado _así de alta y sublime es la opinión que Juan tenía de él, de el Verbo de Dios.


RECIBAN UN CORDIAL SALUDO EN CRISTO
DR. JOHN SANTIAGO DE MALAGA ESPAÑA
PermalinkEnlace directo 03.01.08 @ 05:20
Comentario de: HEIKER MENDOZA [Visitante] Email
BUENO LA ASERTIVIDAD ES UNA MANERA DE ENTABLAR UN DIALOGO CRISTO ES EL CAMINO
PermalinkEnlace directo 10.01.08 @ 08:49
Comentario de: heiker mendoza [Visitante] Email
por favor muchos piensan que volvere para la vieja vida no lo quiero es mas mentiras por eso quiero que no vean la cara pienso que me faltan el respeto es todo
PermalinkEnlace directo 15.04.08 @ 08:29
Comentario de: heiker mendoza [Visitante] Email
yo nunca olvidare de donde me saco DIOS
PermalinkEnlace directo 15.04.08 @ 08:30
Comentario de: heiker mendoza [Visitante] Email
yo nunca pido nada para mi DIOS ayer se me inundo la casa donde vivo eso me caua malestar porque siempre quise hacerle un hogar a mi madre que no se mojara y me da impotencia eso ver que todavia alos 60 años tenga que ayudar a mi madre a sacar agua pero gloria DIOS
PermalinkEnlace directo 12.06.08 @ 13:39

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