Intensidad Interna (Gordura de corazón)
Categorías: Reflexiones
“¿Es posible amar a Dios más de lo que ya lo amo?” Me pregunto quien hace tal cuestionamiento. El orgulloso, que se las tira de cabal. El cabal, que no quiere dar espacio para defraudar a su Dios. Quizás lo hace quien no ve la necesidad de amar genuinamente a Dios, o quien ignora que Dios mismo nos capacitó para amarlo más y más a Él. Pero también la hace quien cada día anhela “un corazón conforme al de Dios”. Al final, quien la hace puede ser reconocido “por el tono” con que busca la respuesta. No diré aquí con que tono me la hice yo, pero una cosa si sé: Que Dios celosamente anhela que hoy lo ame cada día más y más, eso es cada día con todo: Dieta completa!
La semana recién pasada, cuando tuve la oportunidad de compartir con muchos amigos foráneos a quienes usualmente sólo veo para esta temporada, el saludo que más frecuente me dirigieron fue: “Hey, qué GORDO estás!” (Mientras los que me ven todos los días dicen, gordo? Pero si alguien de 1.70 mts de estatura con 130 lbs. es un flaco!) Es cierto, siempre he sido flaco. En 25 años había aumentado solamente cinco libras, pero el año pasado perdí ocho, así que estos amigos tenían algo de razón al saludarme, pues el año pasado me habían visto realmente raquítico. Bueno, desde entonces había comenzado una dieta de recuperación por un problema gástrico que me llevó a estar hospitalizado dos veces. Me pusieron a comer como nunca había comido en mi vida. Cuando los médicos dijeron que mi meta era llegar a pesar 132 libras yo, y solo yo, me pregunté: ¿Es eso posible? Todos los demás lo creían, menos yo. Historia larga, acortada: En pocas semanas, de 113 llegué a pesar 134 libras. Para un flaco como yo, 21 libras en 10 semanas significó realmente llegar a estar “gordo”.
¿Me interesa amar más y más a Dios? Sí, y con una dieta completa puedo lograrlo. Lo primero que tuve que hacer para subir de peso, cuando mi esposa me servía aquella olla de comida, fue “desarrollar un estómago hambriento”. La familia entera se unió a decirme: prohibido decir no tengo hambre. En la conferencia “Intensidad Interna” el expositor nos dijo que para amar a Dios con todo, debo desarrollar un corazón hambriento. Prohibido decir que no tengo hambre de la Palabra, de la oración, de la comunión con otros creyentes. Já! Y qué tremendo estuvo eso de que un corazón sincero se desarrolla hasta cuando, después de haber reconocido una caída y haberse levantado de ella, SIGUE ADELANTE! La respuesta al cuestionamiento de mi amor a Dios fue completada con el reto a no darme por satisfecho… (ojo, los médicos ya no me dejan que suba una libra más) Mi corazón debe estar dispuesto a amar a Dios cada día más y más… con todo… sin término medio… no debe estar satisfecho sino hasta que TODO mi corazón se eleve hasta llegar al Cielo.
Dieta de engorde:
Más dieta de la Palabra: No es cuanto paso en la Palabra, sino cuánto de la Palabra pasa en mí.
Más dieta de la Oración: ¿Querrás suscribirte a mi lista? Hazlo aquí.
Más dieta de la Comunión: Cena del Señor semanal en casa. Disponibilidad de servicio a los discípulos. Confraternidad enfocada a hacer nuevos amigos.
Más dieta de Sinceridad: Hagámoslo, sigamos adelante… Ánimo!
Más dieta de Insatisfacción: Me quiero engordar… (me digan o no que estoy gordo…) Quiero un corazón gordo.
Y tú... cuánto pesabas el año pasado? Cuánto pesas este? Cuánto MAS quieres pesar el próximo?
Comentarios:
jacobo
Escribe aquí tu comentario...:
Post anterior: Amor extravagante, amor exorbitanteSiguiente post: No se ama a un desconocido







